martes, 18 de agosto de 2009

LA HABITACIÓN DEL HIJO

Lo conoce mejor que a ella misma. O creía conocerlo, porque el joven silencioso y reservado que ahora vive en la casa le parece, en ocasiones, un extraño. El niño dejó de serlo hace tiempo. A veces, cuando está fuera, la madre se queda un rato en su habitación, callada, mirando los objetos, los libros –ella compró los primeros y los puso allí, soñando con el lector que alguna vez sería–, las fotos de amigos, de chicas. Las medallas que ganó en el colegio, tenaz, esforzado. Valiente como ella procuró enseñarle a ser. Con el ejemplo del padre: un buen hombre que nunca dice tres frases seguidas, pero que jamás faltó a su deber, ni hizo nada que no fuera honrado. Que educó al hijo con más ejemplos que palabras.

Inmóvil en la habitación, aspira su olor. Desde hace mucho es seco, masculino. Distinto del que tanto añora: aroma de cuerpecito menudo en pijama, olorcillo a carne tibia, casi a fiebre. A bebé y niño pequeño, que con el tiempo se desvanece y no regresa nunca. El crío que aparecía en la cama a medianoche con las mejillas húmedas, después de una pesadilla, para refugiarse a su lado, entre las sábanas. Quizá algún día recupere ese olor con un nieto, o una nieta. Con otro cuerpecito al que estrechar entre los brazos. Ojalá no esté demasiado mayor para entonces, piensa. Que aún tenga fuerza y salud para ocuparse de él, o de ella. Para disfrutarlos.

Libros. Hay muchos en la habitación, y jalonan veinticinco años de una vida. Infantiles, aventuras, viajes, textos escolares, materias universitarias, novela, ensayo, arte, historia. Desde niño, leyéndole cuentos e historietas, orientándolo con cautela, ella fue transmitiéndole el amor por la palabra escrita. La puerta maravillosa a mundos y vidas que acaban por multiplicar la propia: aspiraciones, sueños, anhelos cuajados en largas horas de lectura y templados en la imaginación. La intensidad de una mirada joven que explora el mundo en el descubrimiento de sí misma. Estos libros llevaron al muchacho a reconocerse entre los demás, a moverse con seguridad por el territorio exterior, a descubrir y planear un futuro. A estudiar una carrera bella y poco práctica, relacionada con la lengua, el pasado, el arte y la historia. A licenciarse en sueños maravillosos. En cultura y memoria.

Ahora ella, inquieta, se pregunta si hizo bien. Si la lucidez que estos libros dieron a su hijo no sirve más bien para atormentarlo. Lo sospecha al verlo salir de casa para entrevistas de trabajo de las que siempre vuelve hosco, derrotado. Cuando lo ve teclear en el ordenador buscando un resquicio imposible por donde introducirse y empezar una vida propia: la que soñó. Cuando lo ve callado, ausente, abrumado por el rechazo, la impotencia, la falta de esperanza que pronto sustituye, en su generación, a las ilusiones iniciales. Recuerda a los amigos que empezaron juntos la carrera animándose entre sí, dispuestos a comerse el mundo, a vivir lo que libros y juventud anunciaban gozosos. Cómo fueron desertando uno tras otro, desmotivados, hartos de profesores incompetentes o egoístas, de un sistema académico absurdo, injusto, estancado en sí mismo. De una universidad ajena a la realidad práctica, convertida en taifas de vanidades, incompetencia y desvergüenza. Pese a todo, su hijo aguantó hasta el final. Fue de los pocos: acabó los estudios. Licenciado en tal o cual. Un título. Una expectativa fugaz. Luego vino el choque con la realidad. La ausencia absoluta de oportunidades. El peregrinaje agotador en busca de trabajo. Los cientos de currículum enviados, el esfuerzo continuo e inútil. Y al fin, la resignación inevitable. El silencio. Tantas horas, días, años, de esfuerzo sin sentido. La urgencia de aferrarse a cualquier cosa. Hace una semana, cuando llenaba el formulario para solicitar un trabajo de dependiente en una tienda de ropa de marca, el consejo desolador de un amigo: «No pongas que tienes título universitario. Nadie emplea a gente que pueda causarle problemas».

Tocando los libros en sus estantes, la madre se pregunta si fue ella quien se equivocó. Si no tendría razón su marido al sostener que no está el mundo para chicos con sueños en la cabeza y libros bajo el brazo. Si al pretenderlo culto y lúcido no lo hizo diferente, vulnerable. Expuesto a la infelicidad, la barbarie, el frío intenso que hace afuera. Es entonces cuando, abriendo un libro al azar, encuentra unas líneas subrayadas –a lápiz y no con bolígrafo ni marcador, ella siempre insistió en eso desde que él era pequeño–: «En el mar puedes hacerlo todo bien, según las reglas, y aun así el mar te matará. Pero si eres buen marino, al menos sabrás dónde te encuentras en el momento de morir».

Se queda un instante con el libro abierto, pensativa. Releyendo esas líneas. Después lo cierra despacio, devolviéndolo a su lugar. Y sonríe mientras lo hace. Una sonrisa pensativa. Dulce. Tal vez no se equivocó por completo, concluye. O no tanto como cree. Puede que él forjara sus propias armas para sobrevivir, después de todo. Quizá mereció la pena.



PATENTE DE CORSO, POR ARTURO PEREZ REVERTE

domingo, 9 de agosto de 2009

Dictadura es el régimen en el que
la gente recita en lugar de pensar

jueves, 30 de julio de 2009

Santiago de Compostela y María Meijide

http://www.galiciaparaelmundo.com/blog/index.php?page_id=51&recurso_id=2833&name_page=Reportajes+del+programa

Mi enlace va dirigido a un vídeo que hay en mitad de la página. ¡A disfrutar!

jueves, 23 de julio de 2009


El camino más largo entre dos puntos es la burocracia

miércoles, 22 de julio de 2009

Los rincones de París

Anoche, después de un día de ir y venir de acá para allá haciendo cosillas, Gonza y yo decidimos regalarnos una noche romántica, así que nos engalanamos, y nos fuimos a la zona de St.Michel-Notre Dame. Paseamos por la plaza de Notre Dame, nos besamos en un puente sobre el Sena mientras escuchábamos a un músico improvisado cantar "Californication" y luego buscamos un sitio donde cenar, la oferta era variada, italianos, griegos, japoneses, franceses, turcos... Nos metimos en un francés para comer una fondue, pero el camarero era muy borde, había unos clientes discutiendo a voz en grito con otro camarero, así que nos fuimos... Finalmente, un chino nos sedujo, sencillo y vacío, y doy gracias a la vida porque salieramos del francés... los camareros eran absolutamente encantadores y he de decir que Gonzalo y yo tuvimos una opinión unánime: ese sitio tenía los mejores rollitos de primavera que habíamos probado en la vida...

I am a teacher!!!!!!

Finalmente, ya no estoy en paro, nada extravagante, ni siquiera formal; le voy a dar clase a un chico de Sudán, que trabaja en la embajada de ese país y hace un doctorado en la Sorbona. Parece un tío de fiar. Y es que he tenido respuestas de todos los tipos a mi anuncio: gente interesada efectivamente en recibir clase, gente que me quería como comercial, como camarera,incluso como modelo, pero también zumbados interesados en mí, en mi compañía, en mi sexo... Así que después de todo, esto es un éxito rotundo!!

Reelección presidencial, por Antonio Tausiet

Este post ha sido tomado de:


Tausiet
& Zaragózame


Reelección presidencial
Jul 20th, 2009
by A. Tausiet.

Ayer mismo, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, manifestó su interés en reformar la Constitución del país para poder optar a la reelección. En los últimos tiempos, referéndum mediante, han sido varios los países de régimen presidencialista de América Latina que han modificado sus Cartas Magnas para ofrecer la posibilidad de que sus dirigentes continúen en el poder. El caso más reciente ha sido el intento de Manuel Zelaya de consultar al pueblo hondureño al respecto, abortado por un golpe de estado.

La posibilidad de continuar los mandatos presidenciales es vista con recelo desde los ámbitos conservadores: pero sólo si se trata de dirigentes izquierdistas. Colombia, cuyo presidente Álvaro Uribe pretende realizar este cambio, es un ejemplo de país con políticas seguidoras de Estados Unidos. También Argentina y Perú han hecho esas modificaciones.

Las razones aducidas a favor de la continuidad presidencial son la posibilidad de continuar con las políticas emprendidas; países como Ecuador, Bolivia o Venezuela, que han alcanzado mediante las urnas gobiernos con políticas sociales, verían de nuevo cómo los derechos de los pobres sufrirían una involución. Pero las desventajas del nuevo sistema también son claras. Dejemos hablar al mismísimo Simón Bolívar, héroe libertador (discurso pronunciado en 1819):

"La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle, y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía. Nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado, que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente".

No obstante, insistiremos en un dato objetivo: los procesos de modificación legislativa para posibilitar la reelección de presidente se dieron al mismo tiempo en Argentina, Perú y Venezuela, siendo sólo este último caso denunciado por la prensa internacional, que bien por motivos ideológicos, bien por intereses empresariales, consideran un peligro la continuidad en el poder de Hugo Chávez y su revolución bolivariana.

El modelo se aplica en diferentes países del mundo (Francia, Alemania). Y la prohibición expresa de repetir mandato la podemos encontrar en territorios muy dispares (México, Italia). Conclusión: en sí misma, la posibilidad de que un presidente pueda seguir gobernando -siempre que obtenga el respaldo de sus electores- no es negativa. Pero hay que tener en cuenta que desde el poder es más sencillo orientar a la opinión pública que desde la oposición; y que no es lo mismo un gobierno decidido a combatir el desequilibrio económico y social de su población que otro al que los marginados le importen un carajo y siga las directrices de la oligarquía, la metrópoli y los poderes no emanados de las urnas.